Por mi cabeza pasó la locura de hacer otra reseña a un anime de un género que desconozco en gran medida. Más que ser un amargado que odia el amor y a los monitos chinos que buscan la felicidad con otros monitos mi poca experiencia en las series románticas es por mero desinterés. Digo, Toradora! es uno de mis eternos pendientes que con el pasar de los años no hago más que acumular recomendaciones de ella y así tenemos otro buen puñado de los supuestos referentes del género.
Menciono
específicamente a Toradora porque Kuzu no Honkai me la han vendido
como el “Toradora con resultados sexuales” y con esas
palabras debo de admitir que el morbo creado entorno a esta
declaración fue lo suficientemente potente para decidir darle un
vistazo… más de un año después de su finalización; además
el estudio detrás del proyecto es Lerche y luego de fumarme Asobi
Asobase en dos tardes hace algunas semanas me impulsó a acelerar mi
ritual de visionado de series; este consiste en poner la carpeta en
una esquina del escritorio y esperar a que ya no tenga ningún
videojuego, serie en Netflix o película qué ver en el cine… el
proceso puede llevar literalmente años (Saber Marionette J está
agarrando polvo en algún sitio).
Basta
de cháchara, que aquí venimos a rostizar un anime y a eso voy
enseguida ¿ O puede que no?.