Estamos agarrando mucho vuelo con
las reseñas de NDS y es una tendencia que seguirá bastante tiempo de forma
segura, digo, me siento contento con todo el catálogo que la pequeña portátil
de Nintendo tiene y dado que no me apetece gastar tiempo en partidas largas
decantarme totalmente por esta me viene de perlas; además es mi consola fetiche
de momento, hace tiempo perdí mi antigua NDS y hasta hace apenas 4 meses pude
conseguir otra… desde entonces es un no parar con juegazo tras juegazo.
Venga, dado el carácter tan tremendamente arcade y simple de algunos juegos las reseñas se resentirán en cuanto a extensión… no pensaba estirar el chicle de forma brutal pues es algo muy notorio a simple vista y sencillamente no es mi estilo, mucho menos ahora que el tiempo en ocasiones no apremia demasiado; bastante cómico cuando justamente ahora siento unas ganas locas de compartir mis impresiones y dagas varias, pero lástima, algunos asuntos representan prioridades y actualizar este espacio obviamente no es una de ellas, a pesar de que lo quiero mucho y me sigue chiflando ver los comentarios acumulados en los post que publico.
La idea de hoy era seguir con las reseñas cortas y veo este como el momento perfecto para escribir sobre Ninja Gaiden: Dragon Sword. Verá, la saga nunca ha sido santo de mi devoción, la última entrega de la serie es una puta mierda y no he podido conseguir Ninja Gaiden II que para muchos es crema pura, aun así mi curiosidad me ha llevado a terminar el título original de NES que a pesar de su endiablada dificultad tiene una mecánica de juego deliciosa a la vez de adictiva y claro, desde hace muchos años tengo en su forma original la entrega exclusiva de NDS.


