Silent Hill es una de las mejores experiencias que PSX me ha
brindado y hablamos de algo muy reciente, hace escasos días pude terminarlo y
las impresiones finales no pueden ser mejores, en la época donde Resident Evil
era el estandarte de los Survival Horror la obra de Konami no llegó para
competir directamente con la saga de Capcom sino para brindarnos la cara de la
otra moneda, una forma diametralmente diferente de brindarnos experiencias
aterradoras y mantenernos en una continua tensión.
En uno de estos días trataré estos dos juegos en una sola
entrada, claro, aclarando que no puede ser comparativa pues sería estúpido de
mi parte intentarlo siento tan diferentes pero a la par son verdaderas obras
maestras, pero cierro aquí todo rastro de Resident Evil que nos alejamos del
motivo de esta entrada.
Silent Hill no ha envejecido si nos enfocamos a las
sensaciones que uno como jugador experimenta, el mundo visceral, oxidado y
demencial del pequeño pueblo sigue logrando transmitir íntegro la agobiante
desesperación de un entorno insano donde la música, el apartado artístico y la
historia se confabulan para parir un juego atemporal perteneciente al Olimpo de
títulos presentes en toda la historia de los videojuegos.
Tengo que serles sincero, hacía muchísimo tiempo que no la
pasaba tan mal en un videojuego y esto me sorprende de cierta manera pero
comprendo el motivo de esto. Silent Hill juega con tu mente, todos esos
sórdidos detalles presentes a lo largo del juego nos bombardean desde el
principio y con esto englobo todos los apartados con los que el juego desafía a
todo valiente que se atreva a adentrarse en una aventura neblinosa, misteriosa
y perturbadora. Este análisis me resulta un poco complicado, no por faltarme palabras
para desarrollar la entrada pero si por querer escupir todo aunque sea de forma
desordenada lo fascinado que estoy, en serio, cuando menos me había dado cuenta
ya estaba mesclando en un mismo párrafo la historia y el apartado sonoro,
menudo puto desastre, será mejor comenzar de una vez.