Cada
consola de Nintendo tiene en su haber una dosis generosa de Kirby, uno de los
personajes más queridos de la compañía y uno de mis favoritos de todos los
tiempos. Con el paso de los años hemos visto experimentos la mar de variopintos
que paradójicamente han mostrado brillar más que la fórmula plataformera que
vio nacer dicho personaje. Quitando al casi trágico Kirby Air Ride el resto de
títulos que se alejan del esquema clásico demostraron ser una delicia; desde
Pinball, utilizar una pluma para guiar a la bolita rosa, manipular hilitos o
ser el líder de una caterva de Kirbys, todos ha demostrado ser dignos juegos de
la plataforma que representan.
Los
resultados han sido tan buenos que yo esperaba una entrega de este tipo para la
3DS y me sentí un poco mal al enterarme que nos quedábamos sin nuestra dosis transgresora
del personaje más cínico y perturbador de la compañía nipona, sin embargo se
nos ha compensado con creces de dos plataformeros que dentro del catálogo de la
pequeña portátil de Nintendo, son unas jodidas bestias pardas. La vertiente original
se ha adaptado con el pasar de las entregas, brindándonos un protagonista cuyas
habilidades crecen de manera exponencial pero no así la dificultad de las
situaciones y mira que si Nintendo brindara enemigos o fases que estuvieran a
la altura de Kirby la épica se elevaría a niveles astronómicos… pero no es así.
