martes, 29 de octubre de 2019

Día 29: Pesadilla (PREY)

 

En PREY controlamos a un brillante científico a bordo de la Talos 1, una estación espacial que alberga algunas de las investigaciones más prometedoras de la época. Como principal objeto de estudio tenemos a los Tifón, una raza alienígena a la que los humanos tratan de comprender a base de someterlos a pruebas de todo tipo. Un día la estricta contención que mantiene a los Tifón en cautiverio falla y unas pequeñas criaturas semejantes a los bichos llamados miméticos salen a pasear… asesinando al grupo de científicos que trabajaba con ellos; al poco tiempo más tipos de criaturas se unen a la fiesta y al cabo de unos días la enorme Talos 1 se convierte en una jungla donde sólo pocos sobrevivientes permanecen en pie.

PREY es un juego que bebe de System Shock y BioShock; hablamos de una obra donde premia la exploración y cautela para enfrentar a los Tifón que una vez apoderados de la nave se han convertido gracias a la asimilación de personas en monstruos imparables sumamente inteligentes. Nuestro protagonista es Morgan Yu y puede convertirse, con el tiempo, en una máquina de matar alienígenas gracias a la magia de los neuromods. Los neuromodos fueron ideados en un principio para hacer aprender habilidades a las personas en cuestión de segundos sin pasar por todo el proceso de aprendizaje, con el tiempo también se fue capaz de desarrollar algunos para mejorar las características físicas e inclusive daban poderes sobrenaturales como la telequinesis.

El desarrollo de neuromods fue todo un éxito y podemos acudir a ellos para especializar a Morgan en tareas específicas que se adapten a nuestra forma de juego. De todas las habilidades que podemos adquirir están las íntimamente relacionadas con los tifón,  bastante jugosas en cuanto a beneficios como lo puede ser imitar la taza de objetos pequeños para pasar por rendijas a salas que requieren llaves o conocimientos avanzados de pirateo… pero optar por el camino de los tifón es firmar un contrato con letras pequeñas muy comprometedoras.

Verán, mientras más habilidades propias de los tifón aprendemos la atención de los alienígenas se vuelca cada vez más hacia nosotros hasta que esta raza convoca una entidad con el objetivo exclusivo de darnos caza, la pesadilla:

Este monstruo parece ser conformado por varias criaturas, lo que explicaría su colosal tamaño y fuerza. A pesar de ser enorme es lo suficientemente maleable para cambiar su forma de tal modo que pueda acceder por espacios pequeños que nosotros ocupemos con el fin de escondernos… a efectos prácticos la jodida bestia es imparable.

Cuando la pesadilla aparece tenemos 3 opciones: correr por nuestras vidas y ponernos a salvo en otra zona, atacar sin descanso hasta que la derrotemos, o mantenernos escondidos o en evasión constante hasta que se canse y decida marcharse.  Dado que los recursos no son tan abundantes en Talos 1 como quisiéramos la opción ideal es correr… pero la hija de puta aparece en lugares donde tenemos objetivos a cumplir así que permanecer ocultos puede convertirse en nuestra única opción, fácil, solamente son necesarios 3 minutos de tormento para que esta masa alienígena decida marcharse.

Plantarle cara es posible pero la agresividad del monstruo y el daño que puede provocarnos obliga a estar preparados con una buena ración de botiquines y con las armas modificadas al máximo para tener una oportunidad. La forma principal de atacar de esta cosa es lanzando bolas de energía terriblemente poderosas; correr en línea recta es un suicidio y tampoco es recomendable permanecer más de unos cuantos segundos detrás de algo que sirva de cobertura… moverse a la perfección por nuestro entorno es vital y sumando que existen estrategias comprobadas para vencerla el reto de enfrentarse a ella para obtener el botín que guarda bien puede valer la pena además de ser viable.

Lo mejor de la pesadilla es que el asedio es constante durante todo el juego una vez aparece, no importa si le hemos derrotado con anterioridad en algún punto, la cosa regresará con el mismo ímpetu a matarnos.

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